Desde la infancia
De niños nos divertíamos tanto con esos juguetes de antaño, que al recordarlo te pienso, te siento saltando en torno a la mesa camilla, girando, poniéndote de puntillas, subiendo y bajándote de todas las sillas, buscando la pieza que con tu vista de lince y tu intuición de ratita presumida adivinabas se hallaba escondida entre otras tantas iguales, eufórica y chillona, alegre y manipuladora, mimosa, chiquilla hermosa de cola de caballo, y de pronto, te acometía el tedio, te aburría el puzzle, te desesperabas de no lograr encajar esa pieza que parecía que ya estaba, y ale, lo alborotabas, yo gritaba, te reñía, te enfadabas, tirabas de la falda de la mesa camilla, las piezas volaban, se escondían, pero
¡eh¡ , pillina, ya ves, hasta hoy ha llegado en más ó menos buen estado nuestro gran retrato, lo contemplo y te veo, me veo, nos vemos plasmados en el semblante de dos lindos gatos, que me miran desde el pasado, no te preocupes, ahora ya el puzzle está hace años terminado, amarillea pero sin perder ese brillo del recuerdo, y siguen faltando esa piezas que ardieron en el brasero, se perdieron ó se las llevó el hombre del saco, no me daba miedo, pero si la fastidiosa forma en que usabas los que tú creías mis miedos para plasmar tus mentiras de niña que se sabía culpable del delito de romper el hechizo de la colaboración en equipo, pues sabías que al llegar la noche, también papá, aunque fuese jugando al despiste, colaboraba, pero al fin y al cabo no eran piezas importantes, y a mi el hombre del saco me daba risa, otras, con el tiempo, mea culpa, también fueron desapareciendo, quedan las de siempre, bigotes pegados, mirando con ojos de gatos nuestro pasado, esa infancia de los días de lluvia de otoño compartiendo pedacitos de cartón y mirándonos de reojo de vez en cuando, mamá, desde la cocina, asomándose cuando el silencio le llenaba de chocantes presentimientos, nos miraba embelesada, como ahora esos gatos, nosotros dos, me están mirando, tan madre, tan orgullosa, que al recordarlo se me humedecen a traición mis ojos que miran esas edades, tú pequeña, yo más grande, tú más niña, yo más responsable, tú más gatita de ojos grandes, de belleza mimosín, yo mas sereno y maduro, ay, mi oreja, me miro y me veo, le falta una pieza, ¿dónde acabaría sus días de cartón?, ¿Quizá en el pozo?, allá donde arrojaste la tortuga que papá trajo un día de sabe Dios donde y cansada de no verla comer ni apenas moverse, temerosa por su suerte, la lanzaste al lugar donde les escuchaste a ellos decir que una tortuga podría sobrevivir como animal anfibio, palabra que no entendías, ó tal vez se esfumó entre muñecas de trapo ó trenes de latón, ¡ Qué sé yo ¡ . Papá hacía trampas, él no jugaba, simplemente, escondía las piezas, y nadie las encontraba hasta la mañana siguiente que enigmáticamente aparecían por encanto un puñado más de las que habíamos estado usado. Te daría ahora mismo un abrazo. Del derecho, del reves, media vuelta, otra media, esta no es, esta rien de rien, nada, otra vez, nuestros ojos fueron casi lo primero, cuatro círculos negro, mágicos, junto a unas naricillas rosadas y unas bocas que sólo maullaban, y esto pasó no más que ayer mismo, no más, y te tengo y te recuerdo, el primero, el más tierno, el más bonito, luego vinieron otros, pero ya no fueron los mismos, no estábamos nosotros dos, nuestra infancia reflejada, el equipo al completo trabajando en el proyecto de un juego, con algarabía, jolgorio, risas, familia, gracia, una sorpresa descubierta tras de cada pieza bien puesta, besos, tirones de pelo, pataleos, calor de hogar, retazos de otros tiempos allá en la historia de nuestra melancolía. Creo que de tanto me he regresado al pasado que me siento pequeño y que juego, que coloco las piezas sobre la mesa, que te oigo chillar y veo a papá y a mamá sobre el dintel de la puerta mirándonos con esa ternura infinita del que se sabe dichoso y afortunado por lo que la vida les ha dado. Y sé que ellos y nosotros seguimos allí, en el pasado, que puedo regresar cuando miro nuestro puzzle incompleto y os pienso y os siento y os quiero. Y regreso, regreso, regreso
- Esa no es de ahí, tonto.
- Si que lo es, si que lo es, tonta tú. ¡Mamá¡. Me ha llamado tonto.
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Pablo A -
:-)